No me considero una persona particularmente maniática. Mis cosillas tengo, como todo el mundo, pero en general, me creo bastante flexible.
Salvo con una cosa.
No puedo, NO PUEDO, empezar a escribir sin un título. Me pone de los nervios.

Si estoy trabajando en un documento, tengo que saber sobre qué va ese documento y que el título lo refleje con cierta precisión. Por ejemplo, en mi día a día como abogada si un documento pone CONTRATO, pienso… ¿pero contrato de qué?
Y con la escritura me pasa mas o menos lo mismo.
Así que cuando ya tenía escritas las tres o cuatro primeras páginas de Jaque al rey, con unas XXXXXX en en lugar del título en la primera página, decidí que tenía que bautizarlo de alguna forma. Tenía que encontrar algo bueno.
No muy largo.
No muy corto.
Fácil de recordar.
Que no estuviera muy visto.
Lo que me conocen saben que me gustan bastante los juegos de palabras. Prueba de ello es que la tienda que tuve de venta de merchandising bonito para abogados se llamaba «Falling in Law», mi blog de reseñas se llama «Punto y leído» y este blog lo he bautizado como «Entre ojeras y ojalás». Ya sabéis por dónde voy ¿verdad?

Así que tenía que buscar un juego de palabras con hacker, hackear y similares. Además, el título tenía que reflejar el argumento de la novela de una forma sutil.
El juego del hacker fue mi primera opción, pero me parecía que sonaba demasiado fuerte, muchas jotas, y además, me recordaba a «El juego del ripper» de Isabel Allende.
Piensa Carmen, ¿cuál es la clave de la novela?
Un pulso aparentemente desigualado. David contra Goliat. Un peón que desafía al rey…
Ya está
JAQUE AL REY
Y, por fin, con mi flamante título encabezando la novela, me puse a escribir. Trabajé muchas horas hasta cerrar las trescientas hojas de word de ese primer borrador, aunque durante ese camino, cometí unos cuantos errores…

